MANTECADOS HUECOS (XX)
1 libra de manteca
1/2 cuartillo de aguardiente
3 naranjas (zumo)
30 onzas de harina

GHL 20NOTAS. Todavía se encuentran por casa alguna de las llandas que mi madre utilizaba para hacer mantecados, rollos, hojuelas y tortas. Aparecen colgadas en la pared de la alacena que queda a mano derecha, cuando entras en la cocina. Es una dependencia diminuta, bajo el hueco de la escalera que conduce al dormitorio de la planta superior y cuya puerta de acceso tiene perforado, a la altura de los ojos, un modesto trébol de cuatro hojas con funciones previsiblemente ventilatorias. Tiene su duende aquel reducto . En los primeros días del Alzamiento cobijó a mi madre adolescente y a sus tíos mientras en el exterior se sucedían los disparos y el alboroto. Fue una espera agónica. Conservo, en una grabación magnetofónica —ahora digitalizada—, su voz temblorosa, casi octogenaria, mientras rememoraba aquellos momentos tan tristes y tan inciertos. Cualquier día, cuando vuelva a Liétor, descolgaré una de aquellas llandas que aguardan impávidas, casi un siglo, en la pared de la alacena, aventaré el espíritu y el dolor que aún exhala ese rincón y comenzaré a amasar mantecados huecos, mantecados de yema, mantecados de aceite, mantecados bastos, mantecados de viena... hasta conjurar para siempre las trazas etéreas del sufrimiento antiguo.